Blanqueamiento dental

Está comprobado que la sonrisa es una parte responsable (por no decir fundamental) de la primera impresión que causamos en alguien. Una sonrisa bonita y sana, no sólo cumple una función estética e indica buena salud “física”, si no que cumple una función social; una sonrisa sana es un indicador fiable de la sensación de una persona de bienestar y tiene un enorme impacto en las relaciones de salud, autoestima y relaciones de una persona.

Una sonrisa bonita nos hace sentirnos a gusto con nosotros mismos, haciéndonos sentir más seguros y mejorando nuestras relaciones sociales a diario. Taparse la boca al hablar o reír, no mostrar los dientes cuando reímos… suponen una limitación a la hora de expresarnos, son inseguridades que nos pueden afectar en nuestro día a día.

Hoy en día hay muchos tratamientos estéticos en odontología para mejorar nuestra sonrisa: ortodoncia, bordes incisales, carillas… poco a poco os iremos hablando de todos ellos, pero hoy nos centraremos en el blanqueamiento dental.

Existen muchos mitos acerca de este tratamiento, la mayoría de ellos falsos. El blanqueamiento no daña nuestro esmalte, las concentraciones de peróxido que utilizamos hoy en día son respetuosas con nuestros dientes; es un tratamiento duradero  y no sólo funciona en gente joven.

 

¿En qué consiste el blanqueamiento dental?

El primer paso será acudir a tu dentista, para realizar una revisión completa de tu boca y tomar unas fotografías. No se podrá comenzar con el tratamiento blanqueante en presencia de sarro y manchas. Del mismo modo, si hay actividad de caries deberá solucionarse antes de comenzar. No se debe comenzar el blanqueamiento si nuestra boca no está sana y estable.

En esta revisión también se comprobará si hay reconstrucciones o obturaciones (empastes), en los dientes más anteriores, ya que éstas no blanquearán y habrá que cambiarlas al finalizar el tratamiento blanqueante.

Una vez revisados y con nuestras fotografías previas, se realizarán unos moldes de la boca, para poder confeccionar unas férulas (“fundas”) de plástico flexible ajustadas a tus dientes.

En estas fundas es donde se colocará el agente blanqueante (peróxido de carbamida). Este gel, penetra a través del esmalte hasta llegar a la dentina (que es la parte del diente que tiene color) y ahí libera oxígeno haciendo que el diente se aclare paulatinamente. El éxito del tratamiento dependerá de la concentración del peróxido, del contacto íntimo entre gel y diente (por eso las férulas se realizan “a medida” para cada paciente) y del tiempo que permanecen en contacto.

 

¿Se consigue blanquear todo tipo de dientes?

En todos los casos de consigue una gran mejoría, si bien, hay excepciones:

– En dientes amarillos, los resultados son muy buenos; son los dientes en los que mejor funciona el tratamiento. Son los casos más agradecidos.

– En dientes con manchas o bandas, típicas de antiguos tratamientos farmacológicos (tetraciclinas por ejemplo), esos defectos no desaparecerán, pero sí se consigue atenuar mucho la diferencia.

– Los dientes grises son los más complicados de blanquear. En casos de tinciones grises muy oscuras, deberemos elegir otro tipo de tratamiento para mejorar el color.

– En dientes con coloraciones causadas por tratamientos endodóncicos, se podrán blanquear pero con un un tratamiento diferente. En este caso se realizaría un blanqueamiento interno.

 

¿Cuánto tiempo dura el blanqueamiento?

Tiene una duración aproximada entre 1 o 2 años, dependiendo de nuestros hábitos. El tabaco, consumo de café, té, bebidas carbonatadas… acortan el tiempo de recidiva, pero en ningún caso se vuelve a la situación de partida.

 

¿Es doloroso?

Durante el tratamiento, la mayoría de los pacientes notan aumentada la sensibilidad dental. Hay pacientes que la notan muy acusada, otros no lo refieren en absoluto. Depende mucho de cada persona, aunque sí es normal notar un poco de sensibilidad.

Esta sensibilidad desaparecerá una vez terminado el tratamiento.

 

Dra. Elena Calaza, odontóloga de ICON

Dr. Juan Ferreira, director médico de ICON